Un pecho femenino es venerable en sí mismo, posee sabiduría, sabe contornearse para seducir y alcanzar lo que quiere, tiene una autonomía mitológica asociada y, lo mejor, un pezón. Pero si a todo eso le añadimos que puede tener la forma de Hello Kitty llegaremos a los límites de nuestra cordura con tan sólo imaginarlo.
La cuestión a plantearse sería si un pecho pierde su poder cuando deja de tener forma de pecho y pasa a ser la cara de un gato.