Contaba hace varias semanas Elon Musk que su departamento de eficiencia (DOGE) cuenta con una ventaja sobre el resto: trabajan 120 horas a la semana. Por increíble que resulten sus palabras, los hechos parecen darle la razón, porque las extenuantes jornadas laborales han llevado a más de un alarmante error de cálculo entre despidos masivos y desmantelamiento de programas clave. El último: largar a tanta gente que los controles sanitarios del país se han debilitado.